Presbicia, Miopía… ¿Cómo afrontarlas?

Visión con presbicia

Casi la mitad de la población mundial necesita gafas para corregir un defecto refractivo. A partir de aproximadamente los 45 años de edad todas las personas van a desarrollar presbicia o “vista cansada”. Por eso tenemos que preguntarnos si es correcto llamar a esas condiciones una “enfermedad“ o si es solamente una variante en la construcción del sistema óptica del ojo.

La estructura óptica de nuestros ojo está lejos de ser un sistema perfecto. Al margen de defectos refractivos como miopía, hipermetropía o astigmatismo existen más deficiencias ópticas que no permiten una calidad de visión todo lo ideal que se podría obtener.

La oftalmología moderna ofrece hoy en día muchas posibilidades de mejorar la visión. Pero… ¿cómo piensa la mayoría de la población acerca de someterse a una intervención ocular? ¿Cuándo es el mejor momento para operarse y que intervención es la mejor?

En principio únicamente el oftalmólogo puede elegir la intervención adecuada para cada paciente (Su decisión está determinada por la refracción existente, la edad del paciente y la presencia de otras enfermedades).

La miopía como ejemplo

En especial la miopía, se desarrolla en niños y progresa hasta aproximadamente los 18-20 años durante el crecimiento. Existen casos en que la miopía progresa más después pero esto es menos frecuente. Cuando un niño/niña se presenta con visión de lejos borrosa  un oftalmólogo/óptico normalmente prescribe unas gafas, explicando esta situación a los padres como enfermedad lo que provoca una reacción negativa.

 ¿Pero es ésta la mejor comunicar y tratar la miopía que ha sido diagnosticada al niño?

Muchos oftalmólogos consideran que la miopia no es una enfermedad, sino una alteración del sistema óptico. Por supuesto hasta la adolescencia hay que controlar y corregir la miopía con gafas, pero es deseable informar los padres desde el principio sobre la posibilidad futura de corregir el defecto .

Sería posible comparar el tratamiento de la miopía con una posición imperfecta de los dientes. Todo el mundo sabe que es muy fácil corregirlo y la mayor parte de la gente usa aparatos de dientes para hacerlo. Es una solución simple y muy aceptada.

Si se plantease de manera similar la miopía, primero corrigiéndola con gafas, pero presentando desde el principio la opción de operar después con una tratamiento con láser, podrían disminuir los miedos e inseguridades de muchos padres.

La cirugía refractiva desarrollaría un posicionamiento completamente diferente siendo su aceptación mucho mas grande. Además, este enfoque añade la posibilidad de ofrecer una solución desde el mismo diagnóstico de la miopía. El oftalmólogo podría ofrecer junto con las compañías de seguros un plan de financiación para que los pacientes y los padres pueden asegurar este paso final la cirugía de miopía como la solución definitiva.

 

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